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domingo, 5 de febrero de 2012

Tenemos un papel, todavía.

Decía una voz en off en la última película de Terrance Malick -"El árbol de la vida"- que algún día fallaremos y lloraremosNo sé exactamente si es fallar el término que debemos aplicar para definir lo que está sucediendo en nuestros días. Tampoco sé con total seguridad si es llorar el término que definiría mejor la reacción de los ciudadanos ante la actual situación. Eso sí, cada mañana me levanto -gracias, Bolonia- leyendo la prensa. Leo las noticias. Artículos de opinión. Lluís Bassets, Samir Naïr, y un largo etcétera de pensadores que nos muestran  su versión de los hechos acaecidos más recientemente. Siempre pensé -y veremos si pienso- que era positivo. Informarse, analizar, contrastar.

Sin embargo, tal como defienden algunos, quizás ya no sea así. Quizás la función más importante de los mass media en en la sociedad posmoderna en la que nos encontramos sea otra: hacernos saber lo que hay que pensar. El poder de la agenda setting es cada día más visible.  Titulares e imágenes con fines de todo tipo. El artículo Chacón y compañía, publicado por El País el pasado Domingo, contenía una fotografía en primer plano de Chacón encuadrada sobre un fondo negro. Por no hablar del contenido. Demasiados intereses.

Otros, como ya vaticinó el profesor Frank Furedi allá por 1997 con Culture of fear, hacen referencia a una supuesta cultura del miedo, implícita en esos titulares, y creada mediante el discurso de los políticos y los mass media. Naomi Klein irá más allá en La doctrina del shock, y dirá que años atrás fue el terrorismo islámico en Estados Unidos -que legitimaba a Bush en sus operaciones de seguridad nacional- y ahora es la crisis económica, la que impregna de miedo a la población, llevando a ésta a aceptar unas serie de medidas -especialmente en recorte de libertades y derechos civiles y sociales- que difícilmente serían aceptadas por la sociedades occidentales en otra coyuntura. En torno a todo esto, y más, versará mi blog. Y os aseguro, que todo este aparente desorden -que queréis, es la vida líquida- se convertirá en ideas de futuro. O al menos a eso aspiro. Que ya es hora.