Alegando un supuesto “bloqueo” del
PSOE en las negociaciones para la renovación del Consejo de Administración de
RTVE y la elección de su presidente, el gobierno ha decido —y aprobado en el
Consejo de Ministros mediante un decreto-ley— cambiar la ley: los nombramientos
ya no deberán ser respaldados por al menos dos tercios del parlamento, sino que
solamente será necesario una mayoría absoluta. De este modo, tras los
resultados de las elecciones generales del 20-N, el PP no estará obligado a
pactar con ningún grupo para situar a hombres y mujeres de ideología afín en el
consejo de administración y en la presidencia. Un paso para atrás en el arduo
camino por una televisión pública objetiva y veraz, y un acercamiento
a los tiempos de la televisión de partido. Precisamente fue José Luis Rodríguez
Zapatero quien emprendió en 2006 una ley de la radio y la televisión estatal
que incluía pequeños avances en lo que respecta a la independencia de RTVE.
Estás fueron era algunas de las medidas que se adoptaron: “los miembros
del Consejo de Administración serán elegidos por las Cortes Generales, a razón
de ocho por el Congreso de los Diputados y cuatro por el Senado, de entre
personas de reconocida cualificación y experiencia profesional”, “Los
candidatos propuestos, incluyendo los previstos en al apartado anterior,
deberán comparecer previamente en audiencia pública en el
Congreso y el Senado, en la forma que
reglamentariamente se determine, con el fin de que ambas Cámaras puedan
informarse de su idoneidad para el cargo. Su elección requerirá una mayoría de
dos tercios de la Cámara correspondiente”.
A su vez, el
Consejo de la Administración de RTVE se reducía a nueve miembros. Los
consejeros dejarán de tener a partir de ahora dedicación exclusiva, pudiendo
por tanto así compatibilizar este cargo con empleos paralelos. El sueldo
de 114.000 euros anuales desaparecerá para dar paso al cobro de indemnizaciones
por asistencia a las reuniones. No es difícil de adivinar que el ejecutivo
liderado por Mariano Rajoy ha decidido ir liquidando poco a poco, y paso a paso
el servicio público de radio y televisión de titularidad del Estado, del que
(por pocos años) la mayor parte de los españoles nos hemos sentido orgullosos.
Urdaci o Zaplana -esos viejos conocidos del pasado- podrían volver a escena,
con todo lo que eso supone.
Aunque, debemos
hacer latente que no se trata solo de un simple aparato de medidas con la
intención de acabar con RTVE. Mientras presenciamos el declive cualitativo,
institucional y financiero de RTVE, el Partido Popular se dispone a hacer gala
de su mayoría absoluta. Un Rajoy cada día más opaco, que huye de los
medios, y que junto a su ejecutivo, hace inviable una RTVE competitiva. Un
control partidista de la televisión pública pone a disposición del Gobierno
otro medio (más) de propaganda, manipulación y falta de independencia.
Pretender implantar un modelo de televisión estatal similar al de Telemadrid o Canal
9 es (al menos) peligroso para una televisión que tiene que dar cabida
a los intereses de unos 45 millones de ciudadanos. Un servicio público que
sitúe a la rentabilidad como elemento indispensable esta abocado al fracaso.
Javier Gallego, uno de los estandartes de la cultura en España y director
del programa "Carne Cruda" de Radio 3 plasmaba en su blog (como
trabajador de la cadena) su disconformidad con las nuevas medidas que había
adoptado el Gobierno con respecto a RTVE. Muchos (entre los que me incluyo)
abogamos por el modelo BBC. Pero no: falta dinero y cultura audiovisual.
La BBC es,
actualmente, la corporación de televisión y radio más grande del mundo, además
de ser una de las más valoradas por sus contenidos, diversos y de calidad. A
través de un canon de 150 euros que cada británico debe pagar por
televisor. El 77% -alrededor de 3100 millones- del presupuesto anual de la BBC
es recaudado a través de este canon. Un presupuesto anual que ronda los 4000
millones de euros, enfocados para proveer servicios que incluyen 10 canales de
televisión y 16 canales de radio. 82 euros es el precio que los británicos,
según la Unión Europea de
Radiodifusión, pagan por persona. Más alto todavía es en Alemania,
con 88 euros por persona. España es, según ésta misma organización, la
más barata con un coste de 12,4 euros al año por persona. El presupuesto anual
no supera en nuestro país -tras el recorte de 200 millones- los 1000 millones
de euros. Series de televisión como Sherlock o Luther, de
calidad indiscutible, son producidas por la BBC., y exportadas a numerosos
países. En España, en cambio, algunas de nuestras series más exitosas
-aunque no tan exportadas- y populares, como Águila Roja y Cuéntame
cómo pasó ya han dejado de emitir porque eran demasiado caras. Una
propuesta, Mariano: Invierte más, obtendrás productos de mejor calidad y,
entonces, podrás rentabilizarlo exportándolo a otros países. Pero en España, y
más con el actual gobierno, cosas así parecen imposibles. David Jiménez
reflejaba a la perfección el problema de
España en su blog a finales de febrero.
Una crisis de competitividad que ha sacado a relucir muchos de los problemas de un país que merece un cambio.