1 de
Noviembre. Nicolás Sarkozy aparecía en el Palacio del Elíseo tras la
aprobación por unanimidad de los 17 miembros con respecto a perdonar el 50% de
la deuda griega y ampliar el fondo de rescate a un billón de
euros apelando a la “solidaridad europea”. El discurso de lo políticamente
correcto imperaba en una Europa asediada por la crisis de la deuda
griega y por la continua presión de los mercados. Resulta evidente que, por
aquel entonces, Alemania no era la más presionada por los mercados,
y el tipo de interés que pagaba por su deuda no superaba el 1,3%. En Alemania,
todo sigue igual. En Francia, en cambio, algunas cosas si han cambiado. A
principio de año, 100 días antes de la disputa de las elecciones
presidenciales, Standard & Poor’s retiraba a Francia la
calificación de triple A. Desde que comenzara la andadura de
Sarkozy en el palacio presidencial, el número de parados se ha visto
incrementado en un millón y su deuda se había visto aumentada en 600.000
millones. El 31 de enero los organismos
de sondeos más importantes de Francia, el BVA, el TNS y el Sofres anunciaban
que Hollande obtendría entre el 31 y el 34% de los votos en la
primera vuelta de las elecciones, mientras que Sarkozy no llegaría al 26%.
En
la segunda vuelta se repetiría el mismo escenario: 58% para el candidato
socialista contra el 42% para el presente gobernante. Sin embargo, tras la
matanza de Toulouse, la intención de voto par Sarkozy se sitúa (según el sondeo
publicado por “BFMTV”) en el 30&, y la de Hollande en 28%. Una semana antes
de comenzar oficialmente la campaña política para las elecciones, Nicolás
Sarkozy no parece tenerlas (ya) todas consigo, y España estar sufriendo los
“daños colaterales” de ese miedo que corroe al de París. Durante tres días consecutivos, el actual presidente de la república francesa arremetió contra los “desastres” que se habían producido en España durante el
gobierno de José Luis Rodríguez
Zapatero. “Miren a España tras 7 años
de socialismo” pregonaba el miércoles Sarkozy a cuatro días de dar
comienzo oficialmente la campaña para las elecciones. Por si no fuera poco, el
jueves en la conferencia de prensa para explicar su programa, situaba a España en una situación equiparable a la que Grecia había vivido: “No hay un francés que desee la
situación que han tenido los griegos y que ahora tiene España, caracterizada
por la incapacidad de cumplir con los compromisos”.
Parece pues, que cuando se trata de perpetuarse en el poder, los
altos dirigentes no tienen límites, y todo sirve con tal de sacar un rédito político. ¿Dónde ha quedado la“solidaridad europea” a la que alentaba Sarkozy en Noviembre? ¿Qué sucede si
la próxima semana los mercados atizan a España con una rápida subida de la
archiconocida prima de riesgo? ¿Aceptará Sarkozy parte de culpa? Las respuestas
están ahí. Piénsenlas ustedes mismos.
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