Estados Unidos, o ese país que es capaz de apropiarse del
gentilicio (American) de todo un continente. 1956. España y Japón
entran en la ONU. Túnez y Marruecos se independizan de Francia. Aparentemente,
una año más. Sin embargo, es en 1956 cuando empieza a fraguarse el
"éxito" -mejor dicho: poderío- que dos décadas más tarde
obtendrían las medidas neoliberales en los países del Cono Sur, que tres
décadas más tardes se ampliaría geográficamente con Thatcher y Reagan, y que
parece resurgir en una sociedad como la actual muy mermada por la crisis. Unas
100 becas financiadas por el gobierno y fundaciones estadounidenses serían
entonces concedidas a alumnos chilenos de la Universidad Católica de
Chile. De esta manera, una gran cantidad de estudiantes tuvieron la
oportunidad de impregnarse de las ideas promovidas en el Departamento de Economía
de la Universidad de Chicago, patrocinadas (entre otros) por Milton
Friedman, además de sentirse partícipes del mito que había ya surgido entorno a
la Facultad de Economía, y las operaciones que allí se llevaban a cabo.
Sin embargo, conforme los chilenos volvían a su lugar de
origen y las generaciones iban sucediéndose, nadie en Chile -ni en los
círculos más intelectuales, ni a pie de calle- parecía abogar por la reducción
del estado a su mínima expresión: privatizaciones, desregulación y recorte
del gasto social. Todavía no era el Estado percibido como un leviatán que todo
lo entorpece. Los “Chicago Boys” –nombre que adoptaron estos estudiantes, junto
a sus mentores- no habían conseguido (aún) alzarse con un puesto de relevancia
en la política chilena. La aspiración estadounidense de establecer en Chile la
base del experimento del libre-mercado en su máxima expresión estaba
sucumbiendo a pesar del imperialismo intelectual que habían venido practicando
en el último decenio. Por fin, y tras la elección de Nixon, los altos cargos
estadounidense se percataron que solo a través de una conspiración contra el
gobierno de Salvador Allende liderada por la CIA y el gobierno estadounidense
podrían afianzarse en el poder. Tras un aterrador despliegue de los medios de
coacción -golpe de Estado-, la una Junta Militar presidida por el general
Augusto Pinochet se situó al frente del gobierno chileno. Los métodos
registrados en el manual Kubark —entonces
algo más desarrollados— recogen de una manera genérica los medidas de
represión utilizados por la Junta Militar Chilena: desapariciones, arrestos,
aislamiento sensorial, electroshocks, etc.
Paralelamente, los Chicago
Boys, aconsejados por el bueno de Milton, comenzaron a poner en
marcha el arsenal reformista para avanzar hacia esa nueva forma de capitalismo
radical que tanto ansiaban. Privatizaron una gran cantidad de empresas y
bancos —aunque no privatizó Codelco,
que generaba el 85% de los ingresos por exportación de Chile, según las
investigaciones de José Piñera para el Cato
Institute—, abrió
camino a formas muy avanzadas de especulación financiera, eliminó el control de
los precios, y redujo el gasto social —no el militar,claro, que se vio
incrementado— en un 10%. Sin embargo, parecía que las medidas no eran las
adecuadas, y solo un año después la inflación se situaba alrededor del 375%.
Las desigualdades crecían. El 10% más rico del país, veía aumentar sus
ingresos en un 83%, mientras que alrededor de la mitad comenzaba a vivir en el
umbral de la pobreza. Año tras año el gasto social se iba reduciendo cada vez
más, hasta llegar en 1980 a la mitad del gasto social que acostumbraba a
invertir Allende. El Estado del bienestar, que comenzaba a asentarse en Chile
antes del golpe de Estado, comenzaba a resquebrajarse por completo.
Curioso que en 1980, Friedman publicase junto a su mujer Rose el
libro Free to choose: a
personal statement. Decía curioso por eso de Libertad para elegir. ¿Qué
capacidad de elección tuvieron los chilenos, más aún cuando la imposición de su
sistema económico solo fue posible gracias a un golpe de Estado, y a la
posterior represión llevada a cabo por la Junta Militar?. Libertad para los que
son libres, es lo que quería decir Friedman. Años más tarde, Margaret Thatcher,
en un contexto de enfrentamiento frente a los trabajadores mineros del carbón,
espetó: "Tuvimos que luchar contra el enemigo exterior en las Malvinas y
ahora tenemos que luchar contra el enemigo interior, que es mucho más difícil
de combatir pero que resulta igual de peligroso para la libertad". A la
libertad de su pueblo, me imagino que se refería Thatcher. Recientemente, en
diciembre de 2011, Esperanza Aguirre daba a conocer su decisión de liberalizar
los horarios comerciales en la Comunidad de Madrid. Veremos que es lo siguiente.
Quizás las cosas cambien, o la utilización del concepto progrese también con el
tiempo. Aunque en un país en el que un sector concreto del panorama político se
apropia de la Libertad, del Respeto y la Memoria a las Víctimas
del Terrorismo cualquier cosa puede suceder.
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