Tras el crack del 29, el mundo cambió. El New Deal -patrocinado por Franklin D. Roosevelt- apareció con la finalidad de paliar los efectos de la Gran Depresión en Estados Unidos. Se pretendía dar respuesta a las necesidades de las clases más desfavorecidas, dando una vuelta de tuerca a los mercados financieros y al sistema económico. Primero Estados Unidos, luego Europa y sobre todo los países nórdicos se adentraban en una economía mixta, influenciados por el legado económico del británico John Maynard Keynes. Una mayor intervención por parte del Estado y la existencia de una regulación financiera parecían imprescindibles para el funcionamiento de sociedades complejas tras el fracaso del 29, que trajo consigo el fracaso del estado liberal y del laissez-faire. A su vez, y también alejándose de la ideología predominante en décadas anteriores al crack del 29, en los países en vías de desarrollo fueron surgiendo tendencias de carácter más social e intervencionista, más si cabe que el mencionado anteriormente sistema keynesiano. Esta concepción socio-económica se conoció como desarrollismo, y se caracterizaba por llevar a cabo una estrategia de industrialización orientada al interior en vez de recurrir a la explotación de recursos naturales, cuyos precios eran más bajos, a Europa o Estados Unidos. Los procesos de nacionalización de las exportaciones de petróleo y otras industrias punteras también eran considerados una seña de identidad de estos países sudamericanos en su mayoría -sobre todo aquellos del Cono Sur: Chile, Argentina, Uruguay y Brasil-. En la década de 1950 se hizo evidente que las políticas surgidas con el New Deal y con el desarrollismo en algunos países sudamericanos habían resultado un éxito incontestable, acortándose notablemente la distancia entre las elites y las masas campesinas más humildes –que seguía existiendo-.
domingo, 18 de marzo de 2012
Proyecto Chile, CIA y doble moral (I)
Tras el crack del 29, el mundo cambió. El New Deal -patrocinado por Franklin D. Roosevelt- apareció con la finalidad de paliar los efectos de la Gran Depresión en Estados Unidos. Se pretendía dar respuesta a las necesidades de las clases más desfavorecidas, dando una vuelta de tuerca a los mercados financieros y al sistema económico. Primero Estados Unidos, luego Europa y sobre todo los países nórdicos se adentraban en una economía mixta, influenciados por el legado económico del británico John Maynard Keynes. Una mayor intervención por parte del Estado y la existencia de una regulación financiera parecían imprescindibles para el funcionamiento de sociedades complejas tras el fracaso del 29, que trajo consigo el fracaso del estado liberal y del laissez-faire. A su vez, y también alejándose de la ideología predominante en décadas anteriores al crack del 29, en los países en vías de desarrollo fueron surgiendo tendencias de carácter más social e intervencionista, más si cabe que el mencionado anteriormente sistema keynesiano. Esta concepción socio-económica se conoció como desarrollismo, y se caracterizaba por llevar a cabo una estrategia de industrialización orientada al interior en vez de recurrir a la explotación de recursos naturales, cuyos precios eran más bajos, a Europa o Estados Unidos. Los procesos de nacionalización de las exportaciones de petróleo y otras industrias punteras también eran considerados una seña de identidad de estos países sudamericanos en su mayoría -sobre todo aquellos del Cono Sur: Chile, Argentina, Uruguay y Brasil-. En la década de 1950 se hizo evidente que las políticas surgidas con el New Deal y con el desarrollismo en algunos países sudamericanos habían resultado un éxito incontestable, acortándose notablemente la distancia entre las elites y las masas campesinas más humildes –que seguía existiendo-.
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