Smartphones, redes sociales, periódicos digitales –y de papel, hasta el momento-, blogs y otras muchas herramientas de nuestro tiempo, nos permiten comunicarnos cada vez más rápido. Además, tenemos la oportunidad de poder compartir esa información con un número cada vez mayor de personas. Esto, aparentemente, podría traer consigo –o quizás ya lo haya traído- una población con el paso del tiempo más involucrada, sintiéndose capaz de poder modificar las opiniones de los otros–no solo de su círculo más íntimo- a través de colgar en la red su propia opinión acerca de un tema de actualidad. Hasta el momento, nada de esto debiera extrañar a nadie, y creo que pocas cosas habría que objetar. Adentrémonos entonces de lleno en la siguiente reflexión. Como ya hemos comentado en anteriores entradas en este mismo blog, la era de la posmodernidad se asentó en nuestras vidas durante el siglo pasado con numerosas manifestaciones artísticas. Autores como Thomas Pynchon y Michel Houellebecq en literatura, o películas como Blade Runner en el ámbito de la producción audiovisual son algunas de las obras difusoras de esos valores de la posmodernidad –la decadencia de las certezas absolutas, el cuestionamiento de la razón y el progreso o la búsqueda de lo inmediato-. En esta situación de progreso indefinido de la sociedad de la información y de la libertad del individuo, surgen herramientas como twitter, que favorecen aun más si cabe el desarrollo de la sociedad de la información -sin olvidarnos de la brecha digital, es decir, aquellos que por unos motivos u otros no entran en este juego-, entendiendo ésta como aquella en la que todos tienen la posibilidad de utilizar, acceder y compartir el conocimiento y la información. En definitiva, hacer a todos participes de la gestación de una idea, o de una opinión imperante –o no tanto-. Parece evidente pues, que una sociedad en la que cada vez más personas tienen acceso al conocimiento, y la posibilidad de generar el mismo, el porcentaje de población que se comporte como actores sociopolíticos será directamente proporcional al progreso de la sociedad de la información a la que hacíamos referencia. Lo mismo sucedería con el compromiso social, en continuo aumento.
Sin embargo, podríamos pensar que
herramientas como twitter, u otras redes sociales, no son más que simples
reflejos de la era de la posmodernidad –que podríamos considerar ya demodé,
como apuntan algunos-. La limitación de caracteres en un tweet
podría llevarnos a la mediocridad. Quizás el compromiso social
no sea el que puede parecer -¿qué compromiso hay en un escrito de 140
caracteres en el que basta con darle al enter mientras bebes
tu coca cola tumbado en el sofá degustando la emisión de Sálvame?-.
Quizás muchos conceptos, tal como los entendíamos hasta ahora, hayan cambiado.
Quizás confundamos la sociedad de la información con la sociedad de la
comunicación o la sociedad de los titulares -¿Qué
porcentaje de usuarios de twitter genera realmente conocimiento?- O no. Quizás
solo sean los tiempos. Quizás vayamos hacía atrás. Quizás no. Algo sí está
claro: quedan aún motivos por los que seguir pensando. Creando.
Quizás no hayamos cambiado tanto. Y yo que pensaba que sí.
No creo que el formato del mensaje nos haga necesariamente mediocres... E, incluso, si me apuras, a más de un político me encantaría que le obligaran a reducir sus demagógicos discursos a 140 caracteres. Es... La era de la posmodernidad. Muy buena entrada, buena reflexión. Level Up!
ResponderEliminarYo tampoco lo creo. O no creo que necesariamente nos haga mediocres, claro. El último párrafo es una llamada a la refexión, en la que se barajan diferentes hipótesis.
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