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domingo, 25 de marzo de 2012

Proyecto Chile, CIA y doble moral (II)


Estados Unidos, o ese país que es capaz de apropiarse del gentilicio (American) de todo un continente. 1956. España y Japón entran en la ONU. Túnez y Marruecos se independizan de Francia. Aparentemente, una año más. Sin embargo, es en 1956 cuando empieza a fraguarse el "éxito" -mejor dicho: poderío-  que dos décadas más tarde obtendrían  las medidas neoliberales en los países del Cono Sur, que tres décadas más tardes se ampliaría geográficamente con Thatcher y Reagan, y que parece resurgir en una sociedad como la actual muy mermada por la crisis. Unas 100 becas financiadas por el gobierno y fundaciones estadounidenses serían entonces concedidas a alumnos chilenos  de la Universidad Católica de Chile. De esta manera,  una gran cantidad de estudiantes tuvieron la oportunidad de impregnarse de las ideas promovidas en el Departamento de Economía de la Universidad de Chicago, patrocinadas (entre otros) por Milton Friedman, además de sentirse partícipes del mito que había ya surgido entorno a la Facultad de Economía, y  las operaciones que allí se llevaban a cabo.
 Sin embargo, conforme los chilenos volvían a su lugar de origen y las generaciones iban sucediéndose, nadie  en Chile -ni en los círculos más intelectuales, ni a pie de calle- parecía abogar por la reducción del estado a su mínima expresión: privatizaciones, desregulación y recorte del gasto social. Todavía no era el Estado percibido como un leviatán que todo lo entorpece. Los “Chicago Boys” –nombre que adoptaron estos estudiantes, junto a sus mentores- no habían conseguido (aún) alzarse con un puesto de relevancia en la política chilena. La aspiración estadounidense de establecer en Chile la base del experimento del libre-mercado en su máxima expresión estaba sucumbiendo a pesar del imperialismo intelectual que habían venido practicando en el último decenio. Por fin, y tras la elección de Nixon, los altos cargos estadounidense se percataron que solo a través de una conspiración contra el gobierno de Salvador Allende liderada por la CIA y el gobierno estadounidense podrían afianzarse en el poder. Tras un aterrador despliegue de los medios de coacción -golpe de Estado-, la una Junta Militar presidida por el general Augusto Pinochet se situó al frente del gobierno chileno. Los métodos registrados en el manual Kubark —entonces algo más desarrollados— recogen de una manera genérica los medidas de represión utilizados por la Junta Militar Chilena: desapariciones, arrestos, aislamiento sensorial, electroshocks, etc. Paralelamente, los Chicago Boys, aconsejados por el bueno de Milton, comenzaron a poner en marcha el arsenal reformista para avanzar hacia esa nueva forma de capitalismo radical que tanto ansiaban. Privatizaron una gran cantidad de empresas y bancos —aunque no privatizó Codelco, que generaba el 85% de los ingresos por exportación de Chile, según las investigaciones de José Piñera para el Cato Institute, abrió camino a formas muy avanzadas de especulación financiera, eliminó el control de los precios, y redujo el gasto social —no el militar,claro, que se vio incrementado— en un 10%. Sin embargo, parecía que las medidas no eran las adecuadas, y solo un año después la inflación se situaba alrededor del 375%. Las desigualdades crecían. El 10% más rico del país, veía  aumentar sus ingresos en un 83%, mientras que alrededor de la mitad comenzaba a vivir en el umbral de la pobreza. Año tras año el gasto social se iba reduciendo cada vez más, hasta llegar en 1980 a la mitad del gasto social que acostumbraba a invertir Allende. El Estado del bienestar, que comenzaba a asentarse en Chile antes del golpe de Estado, comenzaba a resquebrajarse por completo.

Curioso que en 1980, Friedman publicase junto a su mujer Rose el libro Free to choose: a personal statement.  Decía curioso por eso de Libertad para elegir. ¿Qué capacidad de elección tuvieron los chilenos, más aún cuando la imposición de su sistema económico solo fue posible gracias a un golpe de Estado, y a la posterior represión llevada a cabo por la Junta Militar?. Libertad para los que son libres, es lo que quería decir Friedman. Años más tarde, Margaret Thatcher, en un contexto de enfrentamiento frente a los trabajadores mineros del carbón, espetó: "Tuvimos que luchar contra el enemigo exterior en las Malvinas y ahora tenemos que luchar contra el enemigo interior, que es mucho más difícil de combatir pero que resulta igual de peligroso para la libertad". A la libertad de su pueblo, me imagino que se refería Thatcher. Recientemente, en diciembre de 2011, Esperanza Aguirre daba a conocer su decisión de liberalizar los horarios comerciales en la Comunidad de Madrid. Veremos que es lo siguiente. Quizás las cosas cambien, o la utilización del concepto progrese también con el tiempo. Aunque en un país en el que un sector concreto del panorama político se apropia de la Libertad, del Respeto y la Memoria a las Víctimas del Terrorismo cualquier cosa puede suceder.