Decía una voz en off en la
última película de Terrance Malick -"El árbol de la vida"- que algún
día fallaremos y lloraremos. No sé exactamente si es fallar el
término que debemos aplicar para definir lo que está sucediendo en nuestros
días. Tampoco sé con total seguridad si es llorar el término
que definiría mejor la reacción de los ciudadanos ante la actual situación. Eso
sí, cada mañana me levanto -gracias, Bolonia- leyendo la prensa.
Leo las noticias. Artículos de opinión. Lluís Bassets, Samir Naïr, y un
largo etcétera de pensadores que nos muestran su versión de los hechos acaecidos más
recientemente. Siempre pensé -y veremos si pienso- que era positivo.
Informarse, analizar, contrastar.
Sin embargo, tal como defienden algunos,
quizás ya no sea así. Quizás la función más importante de los mass
media en en la sociedad
posmoderna en la que nos encontramos sea otra: hacernos saber lo que hay que pensar. El poder de la agenda setting es cada día más visible. Titulares e imágenes con fines de todo tipo. El artículo Chacón
y compañía, publicado por El País el pasado
Domingo, contenía una fotografía en primer plano de Chacón encuadrada
sobre un fondo negro. Por no hablar del contenido. Demasiados intereses.
Otros, como ya vaticinó el profesor Frank
Furedi allá por 1997 con Culture of fear, hacen referencia a una supuesta cultura del miedo, implícita en esos titulares, y creada
mediante el discurso de los políticos y los mass media. Naomi Klein irá más allá en La doctrina del shock, y dirá que años atrás fue el terrorismo
islámico en Estados Unidos -que legitimaba a Bush en sus operaciones de seguridad
nacional- y ahora es la crisis económica, la que impregna de miedo a la población, llevando a ésta a aceptar unas serie de
medidas -especialmente en recorte de libertades y derechos civiles y sociales-
que difícilmente serían aceptadas por la sociedades occidentales en otra
coyuntura. En torno a todo esto, y más, versará mi blog. Y os aseguro, que todo
este aparente desorden -que queréis, es la vida líquida- se convertirá en ideas de futuro. O al menos a eso aspiro. Que ya es hora.